Un jiminiego ante la "justicia de Franco"

                                José Cabañas González                                                                                              Ourense, octubre de 2005.

    

Las Arenas de Bilbao,  unos días antes de su toma.    Teníamos conocimiento de que la represión franquista subsiguiente al golpe de estado de 1936 y a la guerra civil que este desencadenó se había cobrado en nuestro pueblo además de las numerosas vidas de aquellos a quienes, con las demás víctimas de la violencia en el Municipio, homenajeamos hace ahora poco más de dos años, también la del convecino Cristóbal Peñín Alonso, de aquí natural aunque residente en Verín (Ourense), parece ser que de religión protestante, y allí “paseado” en fecha y circunstancias que desconocemos y que no hemos conseguido hasta hoy determinar, a pesar de nuestras reiteradas pesquisas entre acreditados investigadores tanto del asentamiento del protestantismo en la provincia como de la represión desplegada en aquella comarca.

Llamamiento a la rendición de los bilbainos.Hemos tenido reciente ocasión de conocer, en este caso sin proponérnoslo y por las azarosas circunstancias que nos imponen que a la vez que no encontramos aquello que con afán y durante tanto tiempo buscamos (cual es el caso del destino y de lo acaecido a nuestros ajusticiados del otoño de aquel aciago año) se presenten a nuestro conocimiento, por el contrario, informaciones no buscadas, lo acontecido en aquellos agitados tiempos a BERNARDO CARRO VIDAL, quien fue también nuestro vecino y que aquí había nacido el 4 de marzo de 1892, aunque residía al inicio de la sublevación del 36, y desde bastantes años antes, en Bilbao. Vendría así a incrementar Bernardo, por lo que después desvelaremos, la nutrida nómina de los naturales de nuestro pueblo represaliados por el franquismo de una u otra de las innumeras y variadas maneras.

Entrega de armas tras la toma de Bilbao.Nada sabíamos hasta ahora de los hechos que de tal modo hemos venido a conocer, ni de los pormenores de la vida de su protagonista. De su genealogía entre nosotros nos ha ilustrado el compañero y amigo Porfirio Gordón, extenso conocedor de todas las que aquí se entrecruzan. De la represión ejercida con­tra nuestro convecino de antaño nos ha facilitado saber el también amigo y compañero Santiago Macías, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a través de su circunstancial hallazgo en los Archivos Militares de Ferrol, en los que sus laboriosas investigaciones tan buenos frutos rinden a aquella Recuperación con, entre otras, obras como la que recientemente ha publicado sobre la guerrilla en La Cabrera y El Bierzo, “El Monte o la Muerte”[1], a nuestro entender, definitiva sobre esta temática y por ello imprescindible. A los dos, a Porfirio y a Santiago, agradezco desde aquí sus valiosas aportaciones.

Sebastiana Carro Vidal con sus hijos Angelines y José.Miguel Carro Miguelez en Buenos Aires.Como también lo hago a Domingo González (Domi, compositor de esta Revista), y a su familia por haberme ampliado los datos sobre quien ha resultado ser hermano de su bisabuela materna. Sabemos así que era Bernardo hijo de Patricio Carro Vidal, apodado “Charrín”, nacido hacia 1840 y labrador que había vivido en la calle de Santa Elena y desposado con Victoria Míguelez Bolaños, de la que le quedan al morir ésta cuatro hijos (entre ellos una mujer, abuela de Consuelo, la esposa de Juan el “Jote”; Miguel, quien emigraría asentándose en Buenos Aires, y Teresa, casada con Inocencio González Santamaría, abuelo de Celedina y padre, por tanto, de Leoncio);  más tarde en segundas nupcias se casó con Gabriela Vidal Lobato, de la que además y antes de Bernardo habían  nacido Sebastiana en 1885 (fallecida en 1976, y madre de tres hijos: José, Consuelo –quien falleció hace pocos años- y Angelines, ésta Religiosa), y María Consolación en 1887 (fallecida en 1960 y abuela de Chón, madre de Domi, Víctor y Valentín). Por lo que sabemos, era Bernardo primo carnal de “el ti Teodoro”, padre del malogrado Ciriaco, cuyo hermano, Gaspar, reside en el cercano pueblo de Villazala, pero que nada sabe o recuerda de los avatares de sus antepasados. Quedan en el nuestro numerosos descendientes de estas familias, y entre ellos, algunos conservan aún memoria de las penosas vicisitudes a las que tuvo que hacer frente nuestro convecino.

Por los documentos que la represión de nuestro paisano generó[2] sabemos que Bernardo, del reemplazo de 1913 y entonces excedente de cupo, vivía en lasfechas de la rebelión de julio de 1936 en Bilbao, en Elorrieta (Deusto); que estaba casado con Emilia, natural de aquella tierra y con la que tenía cuatro hijos: Celia y Beni, y los varones Roberto y Jaime (quien más tarde sería futbolista),  y que, gasista de profesión, trabajaba en los talleres de Tubos Forjados de Elorrieta, lo que continuó haciendo hasta el 14 de octubre del mismo año en que atendiendo al llamamiento de presentación y encuadramiento militar de todos los hombres de 18 a 45 años fue asignado en Servicios Auxiliares al Cuartel de Milicias de la Universidad de Deusto[3]. En este destino se mantuvo hasta unos días antes al del 19 de junio, en que se produjo la rendición republicana y la toma de Bilbao por  los sublevados, siendo desde aquí evacuado con su Unidad a la villa de Ampuero, distante 65 kms, y a 10 de Laredo, donde en la misma permanece hasta el primero de agosto en que ante el empuje de la ofensiva franquista aquella se disuelve.

Ofensiva para Euzkadi.Liberado ya y de aquel modo de sus obligaciones militares, se dirige Bernardo a Santander, siguiendo, como tantos entonces, el itinerario de las sucesivas derrotas y las postreras resistencias republicanas en el Norte. Allí reside en compañía de su familia[4] hasta la caída de la ciudad en  poder de los rebeldes, a cuyas “Fuerzas Nacionales” se presentó el día 26 de agosto. Según él mismo manifiesta, de aquí regresó a su domicilio de Bilbao-Elorrieta el 14 de septiembre, siendo al día siguiente detenido y enviado a la Prisión de Larrinaga[5]. Esta, que había sido antes lugar de confinamiento de derechistas, acogía ahora a algunos de los 12.000 prisioneros republicanos de Vizcaya, nuestro paisano entre ellos, y era ya testigo mudo de las más de 500 ejecuciones que hasta 1940 se producirían ante su paredón. Nada sabemos de las peripecias de Bernardo entre las fechas de su entrega en Santander y de su vuelta a Bilbao, ni si llegó allí entonces a ocupar, junto con una parte de los cerca de 50.000 apresados, alguno de los cuatro Campos de Concentración habilitados en la ciudad montañesa, a la vez que otros tantos en Santoña y algunos más en Laredo y Castro Urdiales, para confinar a tal cantidad de derrotados.

Franco en el frente de la montaña santanderina.Hallamos a nuestro convecino sometido junto con otros en diciembre de 1937 en Bilbao a Consejo de Guerra por el Procedimiento Sumarísimo de Urgencia 1141/37 y por el delito de Rebelión Militar, en el que se dicta el día siete de aquel mes sentencia absolutoria y con todos los pronunciamientos favorables para él y los demás procesados, ya que “habían prestado servicios en el cuartel rojo de Deusto sin tener contacto moral con la causa roja, sino que lo hicieron coaccionados por los rebeldes[6]”. Tal absolución no les valió de mucho ni les supuso libertad, toda vez que la misma sentencia disponía su puesta a disposición de la Junta Clasificadora de Presos y Presentados, por lo que a la espera de lo que aquella determinara continuó Bernardo en Larrinaga. Volvemos a encontrarlo, ya a principios de febrero de 1938, conducido desde la Prisión en la que durante los anteriores meses había permanecido[7], por segunda vez ante “la justicia de Franco” ahora en forma de Comisión Clasificadora de Prisioneros y Presentados de Deusto.

Italianos entrando en Santander.Esta Comisión, dependiente como todas las creadas en las ciudades hasta entonces conquistadas de la Inspección de Campos de Concentración de Prisioneros, tenía por misión catalogar a los republicanos habidos en esas conquistas según su grado de afección o desafección al Glorioso Movimiento en base a su presunta o comprobada conducta o responsabilidad, con el fin de aplicarles, en orden a lo que de ello resultara, aquella justicia ciega de odio y de razón y tan peculiarmente entendida por los vencedores que permitía que los rebeldes juzgaran, condenaran, e incluso ejecutaran por rebelión a los leales. Cinco eran los categorías del catálogo: A, afectos al Nuevo Régimen, y liberados o enviados a la Caja de Recluta, si estaban en edad militar, para su reaprovechamiento en el ejercito franquista; A dudosos, y B, voluntarios los segundos en las filas republicanas y sin responsabilidades, al entender de los facciosos, y derivados a Campos de Concentración en expectativa de ser desde allí destinados a Batallones de Trabajadores; D, responsables de delitos comunes, y trasladados a establecimientos carcelarios; y C, enemigos de la Patria y del Movimiento, dirigentes republicanos y Jefes y Oficiales del Ejercito Popular de la República y sus Comisarios Políticos, el grupo cuyos integrantes más interesaba identificar y que con más saña eran perseguidos para ser enviados, si escapaban a la venganza y el castigo ejemplar de los “paseos”, a los Consejos de Guerra por “rebelión militar” de los que salían para el pelotón de fusilamiento o para perpetuas o muy prolongadas condenas en los Presidios de Franco.

Blindados itallianos ocupan Santander.En febrero del segundo año triunfal[8] comparece el jiminiego, cuyos padres Patricio y Gabriela ya habían a esas alturas fallecido, ante la Comisión de Deusto, y de los datos que sobre él obran en la misma, como haberse sindicado en la UGT en mayo del 37, y de los muy poco favorables que a ella aporta el Informe de la Guardia Civil del lugar, que lo caracteriza como “individuo de mala conducta, muy influyente en el régimen rojo-separatista, y peligroso para la Causa Nacional”, y da cuenta de “haberse afiliado a la FAI, haber actuado en la “cheka” de Deusto y desde los primeros momentos en su Comité y en el de Bilbao como dirigente técnico y requisando en comercios, y haber sido en el cuartel militar de aquella Universidad Comisario Político de los milicianos rojos”, concluirían nuestro paisano y su familia, después de la esperanzadora sentencia de diciembre, sobradas y contundentes razones para temer ahora, y mucho, por su futuro, toda vez que dicha Comisión Clasificadora lo encuadra entonces en el arriesgado Grupo C ya señalado, y dispone que “continúe detenido y se le instruyan las oportunas diligencias”.

Universidad de Deusto hoy.Como se hizo, sometiendo por tercera vez a Bernardo a la “justicia de Franco”, y de nuevo en su modalidad de Procedimiento Sumarísimo de Urgencia, el nº 12390/38 esta vez, del Consejo de Guerra Permanente número Dos. En esta ocasión, y según la sentencia que en el se dicta en la significada fecha del 14 de abril de 1939, Año de la Victoria, rodaron mejor las cosas para nuestro paisano y sus allegados, y mucho y muy cualificados informes debió de costarles contrarrestar contradiciendo y anulando aquellos otros de los que tan dramáticas expectativas habían antes derivado. Aparece así Bernardo en este procedimiento como “sindicado en la UGT pero de buena conducta; de meras tendencias izquierdistas y ajeno a toda actividad política, sin haberse metido en nada ni molestado a nadie. Llamado por su sindical al Cuartel de la Universidad de Deusto, no ostentó en él cargo alguno, ni formó parte de aquel Comité, ni efectuó requisa alguna”. Definitivos debieron de ser en el ánimo del Tribunal los que lo presentaron como “honrado, trabajador, y enemigo de huelgas antes del Movimiento, méritos que evidenció muy destacados en la Revolución de Octubre del año 34”. Pidió el Fiscal para él la absolución, y a la vez y a pesar de ello, su clasificación en el Grupo B, lo que, absuelto, lo condenaba a un Campo de Concentración y a alguno de los muchos Batallones de Trabajadores entonces desperdigados por la geografía nacional[9]; se adhirió la Defensa a la petición absolutoria pero reclamando ser clasificado como A, lo que hizo el Tribunal, fallando absolver a Bernardo Carro Vidal, de 46 años, “quien, de no estar sujeto a otro procedimiento, deberá ser puesto en libertad”. Debió, por fin, después de año y medio de cautiverio y de tanto padecimiento y zozobra personal y familiar, verse entonces libre nuestro paisano, del que desconocemos sus posteriores andanzas y las trayectorias de su familia y descendientes; si sabemos que tuvo aún una larga vida, falleciendo el 4 de abril de 1972, a los 80 años, en Bilbao, la ciudad en la que desde nuestro pueblo se había radicado.

Batallones de Trabajadores.No está de más señalar, en estos tiempos en que no ha mucho la Comisión Interministerial para el Estudio de la Situación de las Víctimas de la Guerra Civil y del Franquismo, creada hace ya un año para "reparar la dignidad y restituir la memoria histórica y la rehabilitación de los republicanos represaliados por el franquismo por defender unos va-lores que hoy disfrutamos como sociedad democrática", ha manifestado su intención de ralentizar su trabajo para extraer del mismo una Ley de la Memoria “que contente a los dos bandos”, que los padecimientos de Bernardo y de su familia no fueron jamás reconocidos, y menos compensados con su inclusión en alguna nómina de Excautivos o Sufridores por la Patria que les proporcionara alguna de las abundantes y generosas dádivas, honores, ventajas, reconocimientos y prebendas con las que el Nuevo Régimen premió a sus incondicionales y a quienes padecieron por su advenimiento; antes bien, en el caso de Bernardo y sus familiares, como en el de todas las innumerables y variadas víctimas del franquismo, les fue preciso ocultar haberlo sido, haber sufrido el oprobio y la ignominia de un castigo tan injusto como cruel, para no sumar dificultades notables y añadidas a la ya para tantos difícil tarea de sobrevivir en la larga noche de piedra de la dictadura.

Ourense, octubre de 2005.

 

[1] “El Monte o la Muerte.- La vida legendaria del guerrillero antifranquista Manuel Girón”.- Santiago Macías.- (Prólogo de Julio Llamazares).- Editorial Temas de Hoy.- Colección Historia Viva.-

 [2] Procedimientos Sumarísimos de Urgencia nº 1141/37 de Bilbao (Colectivo: se procesa en la misma Causa a Bernardo y a otros), y nº 12390/38 de la misma Plaza, este individual.-

 [3] Después de haber sido base militar, desde la toma de Bilbao por los “nacionales” y hasta 1940, sería Campo de Concentración.-

 [4]Desconocemos si acompañó el éxodo militar de Bernardo, o se evacuó directamente de Bilbao a Santander, encontrándose en este caso allí con ella.-

 [5]Además de esta Prisión, activa hasta 1970, y del ya señalado Campo de Concentración de la Universidad Comercial de Deusto, fueron entonces lugares de reclusión en la provincia de Vizcaya las Prisiones Provisionales de Los Escolapios y de El Carmelo, también en Bilbao; la Prisión de Mujeres de Amorebieta, y el Campo de Concentración de Orduña.- 

Pasquín del engaño franquista. [6] Resulta útil el conocimiento de nuestra historia contemporánea para no extraviarse en la aplicación que del calificativo de rebeldes se hace.-

 [7] Deducimos de una anotación en el Sumario su probable paso, en algún momento, también por Los Escolapios.-

[8] Unos meses más tarde, en mayo del 38, el mando franquista llegó a estudiar el proyecto, después desechado, de trasladar a la isla de Annobón, de diecisiete kilómetros cuadrados y situada en la Guinea Ecuatorial, a todos los presos condenados a entre veinte y treinta años de cárcel, y a los catalogados como inadaptables o peligrosos.    

 [9] Entre 1936 y 1947 funcionaron 104 Campos de Concentración estables y 84 provisionales. Los Batallones de Trabajadores permanecieron hasta finales de los años 50 (alguno como Los Merinales, para la construcción del Canal del Bajo Guadalquivir, hasta 1962), y en ellos había 100.000 prisioneros republicanos a mediados de 1939.-

 


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