---:::---   Actualizado: 25-04-2018   ---:::---

CONVULSIONES

DIARIO DEL SOLDADO REPUBLICANO JAUME CUSIDÓ LLOBET  

 (AGOSTO 1938 – MAYO 1939)

PRISIONEROS CATALANES EN EL “GULAG” DE LEÓN

ÍNDICE

PRÓLOGO (A cargo de Paul Preston).

PRESENTACIÓN Y AGRADECIMIENTOS.

LOS DIARIOS DEL SOLDADO REPUBLICANO JAUME CUSIDÓ LLOBET (Transcritos, traducidos y anotados por José Cabañas González).

MONISTROL.- Diario de la movilización.

RETIRADA.- Diario de la desbandada y de los campos de internamiento y de concentración.

La retirada.

Los campos de arena franceses. Del "Campo de Negrín" al "Campo de Franco".

La repatriación por Irún.

En la plaza de toros de San Sebastián.

En el Campo de Concentración de Prisioneros de Guerra y Presentados de "Casa Ponga" en Valencia de Don Juan (León).

LAS CARTAS DE CAUTIVO DE JAUME CUSIDÓ LLOBET.

TRANSCRIPCIÓN DE LOS DIARIOS ORIGINALES DE JAUME CUSIDÓ LLOBET MANUSCRITOS EN CATALÁN.

PRISIONEROS CATALANES EN EL "GULAG" DE LEÓN. (José Cabañas González)

EL DESCONOCIDO CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE "CASA PONGA".

RELACIÓN DE CATALANES PRISIONEROS DE GUERRA EN EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE SAN MARCOS DE LEÓN Y FALLECIDOS ENTRE ENERO Y DICIEMBRE DE 1939.

REFERENCIAS Y TESTIMONIOS DE PRESOS Y PRISIONEROS CATALANES EN EL "GULAG" LEONÉS.

LA PRISIÓN-CAMPO DE PRISIONEROS DE SAN MARCOS

EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN DE SANTA ANA DE LEÓN

LOS CAMPOS ASTORGANOS DE SANTOCILDES Y LA PAJERA (O SANTA ANA)

PRISIONEROS DE VINAROZ EN CAMPOS DE CONCENTRACIÓN LEONESES.

DOCUMENTOS E IMÁGENES.

FUENTES.


Que Déu vulgui que no es repeteíxin semblants coses,

i que il.lumini als homes perque segueíxin uns camins de pau i comprenssió

per tal d’evitar áquestas convulsions que sempre acaben en tragedia…..

 

Quiera Dios que nunca se repitan semejantes cosas,

y que ilumine a los hombres para que sigan caminos de paz y comprensión

que eviten estas convulsiones que siempre acaban en tragedia……

 

(Jaume Cusidó Llobet, finalizando sus Diarios)


PRÓLOGO

    Hace casi cinco años, escribí un prólogo muy elogioso del segundo volumen del libro de José Cabañas, La Bañeza 1936. La vorágine de julio. Golpe y represión en la comarca Bañezana (Los prolegómenos de la tragedia). Como comenté entonces, él es uno de los historiadores locales sin los cuales no sabríamos nada de las atrocidades cometidas en muchas provincias ni del desarrollo bélico en ellas. Él pertenece al grupo de investigadores minuciosos cuyos trabajos son imprescindibles, y el suyo sobre La Bañeza está en vías de ser reconocido como uno de los clásicos de la historia local de la guerra civil española. Por tanto, sus lectores llevamos tiempo esperando los restantes volúmenes de su obra maestra.

    Sin embargo, este libro que nos entrega ahora no es parte de la obra tan ansiosamente esperada sino otra que le supone un alto en el camino. Que sea así es algo que puedo entender fácilmente. Lo digo con conocimiento de causa porque, en varias ocasiones, en el largo proceso de producir libros como mi biografía de Franco, El holocausto español, mi estudio de las víctimas civiles en ambos bandos de la guerra, e incluso mi actual libro, he descubierto cosas tan interesantes que me vi incapaz de resistir la tentación de abandonar el libro que era mi obligación completar para seguir una nueva pista. De hecho, por mucho que podamos lamentar que José Cabañas haya aparcado la tercera parte de la trilogía sobre La Bañeza, nos consuela a cambio su estudio enjundioso de lo que llama el "Gulag" de León y su descubrimiento y reproducción del Diario del soldado republicano Jaume Cusidó Llobet de los últimos meses de la guerra y los primeros del franquismo, lo cual es un hallazgo de primera importancia.

    El volumen en total constituye un trabajo impresionante. Primero, saca a la luz un tema prácticamente desconocido hasta ahora: el campo de concentración de prisioneros de guerra, antesala de otros lugares de trabajo esclavo, que existió en la localidad de Coyanza, nombre que también recibe Valencia de Don Juan. Luego, añade información ingente sobre el campo de prisioneros de San Marcos, el campo de concentración de Santa Ana de León y los campos astorganos de Santocildes y La Pajera (o Santa Ana). Finalmente, revela algo que ha permanecido casi en el más absoluto silencio: los más de 290 catalanes asesinados en León.

    Las investigaciones de Cabañas, a partir del Diario de uno de los prisioneros recluidos en Coyanza –Jaume Cusidó, contable de Sabadell, cuyo hijo se lo proporcionó al investigador, nos llevan a profundizar en la materia. Él no fue el único sabadellense que pasó por el campo de Coyanza, pero sí uno de los pocos presos, que sepamos, que llevó un diario mientras estaba confinado en un campo de concentración o de trabajo, legándonos en su caso una fiel descripción de cómo era la vida en ellos, aunque por supuesto no eran todos iguales. El haber sido escrito en el día a día lo dota de un valor añadido porque no hay posibilidad de que el tiempo trastoque los recuerdos. En su Diario, Jaume Cusidó nos describe tanto las relaciones que se dan entre los presos como entre ellos y las gentes de Coyanza. Todo, a su vez, contextualizado en la traducción que Cabañas hace del dietario original en catalán.

    El libro contiene las dos versiones del Diario –la castellana y la catalana- y como ha sucedido con los otros libros de Cabañas, no solamente ayuda a los historiadores profesionales, de los que contadísimos conocerán las dos cuestiones del asesinato de casi 300 prisioneros catalanes en León y los varios y abundantes campos de concentración y batallones de trabajo forzado que se instalaron en la provincia leonesa, sino que también proporciona una lectura espeluznante en ocasiones para el aficionado de la historia. Sus notas y explicaciones aportan un conocimiento muy amplio para ahondar en ambos asuntos.

    Algo muy de destacar es la calidad humana que destilan estos Diarios tanto por parte de su autor como de las mujeres de Valencia de Don Juan que, con enorme generosidad, ayudaban a los prisioneros –más de mil en algunas épocas- socorriéndolos con alimentos y lavándoles la ropa. Una nota triste de un libro ya tan triste como importante, es lo que revela del efecto de cuarenta años de lavado de cerebro franquista en los descendientes de algunas de aquellas benefactoras, cuando Cabañas trata de entrevistarlos y de ponerlos en contacto con familiares de antiguos prisioneros a los que entonces solidariamente favorecieron y son ahora reacios a hablar con el investigador.

    El acierto de incluir el Diario entero de Jaume Cusidó, tanto en castellano como en catalán, añade una nota tremendamente cercana al texto, no sólo por lo que hace a sus reflexiones personales sino también por lo que muestra del temperamento paciente y sereno del autor, que nos ofrece una visión de la guerra civil muy diferente a las de rabia o agresividad que impregnan otros diarios. La inclusión, también, de las cartas que el cautivo Cusidó y su mujer se entrecruzan es otro gran acierto y amplía lo anteriormente dicho. Además, arroja luz sobre la censura que se imponía en aquel tiempo, pues su esposa vierte en ellas frases que seguramente de otra manera no habría insertado. Emociona la ternura que rezuma del texto, como sucede cuando el padre le comenta en una de las cartas a su hijo, que es un niño pequeñito, algo sobre la "mona" de Pascua que le van a obsequiar, el tradicional pastel que en Cataluña los niños y niñas reciben en aquella festividad de sus padrinos.

    No dudo que este libro abrirá nuevas puertas en una temática todavía bastante desconocida y ayudará a los investigadores a entender más y mejor el horror que fueron la prisión y campo de concentración de prisioneros de guerra de San Marcos de León y los demás de la ciudad y la provincia, y, cómo no, la guerra civil española. Otra vez, estamos en deuda con José Cabañas.

 

                                                                        Londres, enero de 2018.

Paul Preston*.

* Paul Preston (Liverpool, Reino Unido, 1946), historiador autor de diversas obras sobre la Historia Contemporánea de España, es doctor en Historia por la Universidad de Oxford, ocupa la cátedrá Príncipe de Asturias de Historia Contemporánea española, y dirige el Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea en la London School of Economics (Universidad de Londres). Junto a Ian Gibson, Helen Graham y Hugh Thomas (recientemente finado), constituye el núcleo de los hispanistas británicos de referencia para el estudio de la historia reciente española, especialmente la de la Segunda República, la Guerra Civil y la Transición. Es miembro de la Academia Británica y de la Academia Europea de Yuste, Premio Pompeu Fabra, doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona, y el más fecundo y original de los historiadores hispanistas británicos contemporáneos. Son sus obras principales: La Guerra Civil española. Reacción, revolución y venganza (1978). Franco: Caudillo de España (1993). La política de la venganza: el fascismo y el militarismo en la España del siglo XX (1997). Palomas de guerra. Cinco mujeres marcadas por el conflicto bélico (2001). La destrucción de la democracia en España (2001). Las tres Españas del 36 (2001). Juan Carlos: el Rey de un pueblo (2003). Idealistas bajo las balas. Corresponsales extranjeros en la guerra de España (2007). El gran manipulador. La mentira cotidiana de Franco (2008). El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después (2011). La muerte de Guernica. (2012). El zorro rojo. La vida de Santiago Carrillo (2013). El final de la Guerra. La última puñalada a la República (2014). La República asediada. Hostilidad internacional y conflictos internos durante la Guerra Civil (2015).


PRESENTACIÓN Y AGRADECIMIENTOS

    Indagaba yo a lo largo de los años anteriores en torno a lo sucedido en la villa de Valencia de Don Juan (o Coyanza, que así también se nombra esta población del sur de la provincia leonesa) en los tiempos de la pasada guerra civil y la posguerra, tratando de saber sobre la manera en que en ella habían transcurrido los días del golpe militar de julio de 1936, sobre el alcance y los pormenores de la represión que a los republicanos e izquierdistas derrotados del lugar y la comarca aplicaron después los sublevados vencedores, y sobre el campo de concentración de prisioneros de guerra que durante un cierto período de aquella época se había establecido en la localidad, del que era muy poco lo que hasta entonces se conocía, y ya en esta labor y en esta pretensión venía contando con la impagable ayuda del amigo Fernando González Pardo, cartero jubilado, incansable y solícito recogiendo aquí y allá de unos y de otros informaciones y datos puestos gentilmente a mi disposición.

    A su esforzado y valioso trabajo de campo debo haber tenido en mayo de 2015 la oportunidad de contactar en Sabadell, por su mediación, con Montserrat Dalmau, hija de Ángel Dalmau Ruiz y nieta de Andreu Dalmau Gambut. Fueron el padre y el hijo dos de los miles de catalanes enviados a campos de concentración y otros denigrantes lugares de encierro de la provincia de León cuando la contienda declinaba y daba paso a la no menos trágica posguerra, sufriendo ellos la desdicha de haber tenido que conocer la villa coyantina desde el interior de los barracones y las alambradas del campo que aquí se dispusiera en los que eran almacenes de los Talleres Casa Ponga.

    El contacto con Montserrat Dalmau, me llevó (también por medio de Fernando González) a conocer que habían sido bastantes más los vecinos del Sabadell de entonces que padecieron infortunios parecidos (injustos e inmerecidos siempre) en el mismo aflictivo recinto desde el que se divisaba la silueta del derruido castillo, los altozanos y oteros de la cercana paramera, y los abigarrados planteles y choperas crecidos junto al Esla. Fue otro de aquellos Jaume Cusidó Llobet, y con su hijo Josep Cusidó Muñoz pude así comunicarme, y saber por él de los Diarios que su padre había ido escribiendo en aquel tiempo tanto de su militarización al ser movilizado como de su retirada a Francia formando parte del Ejército Popular de la República ante el empuje de las armas "nacionales" en su ofensiva para la toma de Cataluña, su paso por los oprobiosos campos de internamiento en las playas francesas de febrero de 1939, la repatriación y el regreso desde allí a la España de Franco por Irún, y tras una corta pero penosa estancia recluido en San Sebastián el destino como prisionero de guerra al comienzo de marzo al Campo de Concentración de Valencia de Don Juan, en el que permanecía hasta la primera semana de mayo de aquel año, cuando, liberado condicionada o provisionalmente, vuelve con los suyos a su hogar.

    Josep Cusidó me hizo entonces por medio de su hijo Jaume Cusidó Morral la inestimable deferencia y el alto honor, que mucho les agradezco, de confiarme y poner en mis manos el tesoro personal y familiar de los Diarios originales que su progenitor había escrito en catalán, y me apliqué a transcribirlos, a su traducción al castellano, y a añadirles notas que contextualizan en el tiempo y el espacio lo que al hilo de lo que le acontece el autor apunta y va narrando en ellos (muchas procedentes de las vivencias y recuerdos que otros protagonistas o partícipes en los hechos de aquel momento histórico dejaron consignados a su vez), considerando que constituyen un documento y una fuente de primer orden y de enorme valor para el conocimiento de todos aquellos avatares particulares que fueron parte entonces de señalados y decisivos acontecimientos colectivos desde el relato en primera persona de quien los vivió, importancia que se acrecienta en mucho en lo que respecta a la descripción que de su estadía como prisionero de guerra en el campo de concentración de Coyanza hace, pues viene a alumbrar en buena medida lo mucho que, como ya dije, sobre dicho campo nos era hasta ahora desconocido, por lo que creí que bien valía la pena darlos a conocer por sí mismos en la forma y en el libro que el lector tiene ahora en sus manos.

    No solo nos ilustra Jaume Cusidó Llobet con lo que anota en sus Diarios sobre el estado y la situación del reclusorio, las condiciones de vida que en el mismo se imponían, y los abundantes pormenores del funcionamiento y la cotidianeidad del Campo de Concentración de Prisioneros de Guerra y Presentados de Valencia de Don Juan. También lo hace sobre lo que fueron las relaciones que se establecían entre sus numerosos, forzados, y afligidos moradores (que en algunas épocas pasaban de los mil) y los vecinos y vecinas de la villa, y es justo en este aspecto en el que los apuntes de las páginas que escribe nos muestran las no pocas y variadas maneras y ocasiones en que estos manifestaban su buen trato, su desinteresada ayuda y su aprecio y miramiento con aquellos dolientes seres a los que las trágicas circunstancias de los oscuros tiempos de miedo y de privaciones de todo tipo que entonces se vivían habían convertido en desgraciadas víctimas, de tal modo que la cuidada caligrafía de sus líneas se transmuta en un bello canto al humanitarismo y a la solidaridad dispensada mayoritariamente a los galeotes que penaban en su pueblo por los desprendidos y compasivos coyantinos de la época, cuya filiación de algunos de los benefactores pudimos completar y exponer con la repetida ayuda de Fernando González y también de Lorena Domínguez González y sus parientes en la villa.

    Trasciende también de lo que el soldado republicano prisionero de guerra (en su caso, más apropiadamente "presentado" desde Francia para la repatriación) Jaume Cusidó registra y lo que describe en los Diarios la bonhomía de su autor, una persona madura (contaba 34 años de edad) y comedida, serena y asentada, cristianamente resignada ante el triste, inicuo, e inmerecido destino que se le depara mientras con entereza confía en que al final se imponga la justicia (incluso aquella justicia que tan injusta era), uno de tantos y de tantas como hubieron de sufrir en carne y alma propias, ellos y sus allegados, las ignominias y los dramas de una guerra que otros desataron.

    He añadido a los Diarios de Jaume Cusidó Llobet contextualizados con las notas numerosos documentos relacionados con su trayectoria vital a lo largo de aquel periodo; una muy breve reseña de la que siguió posteriormente; la transcripción de algunas de las cartas que, obligadamente en castellano, el prisionero cruza con su familia en Sabadell mientras se halla confinado en el campo coyantino, además de la literal en catalán de sus Diarios; el resultado de mis indagaciones sobre tan desconocido campo de concentración como hasta ahora ha sido el que se habilitó durante los años de la guerra y el inicio de la posguerra en los Talleres Casa Ponga; más de ochenta imágenes -de época la mayoría, y las más de ellas intercaladas en el texto- que acercan hoy a nuestros ojos acontecimientos de aquel pasado y el ayer de algunos de los lugares en los que transcurrió lo que el artífice de aquellos dejó en su tinta narrado, también los que fueron entonces estaciones de viacrucis para él y para tantos; un listado de prisioneros del castellonense Vinaroz que desde otro campo de concentración leonés (el de Santa Ana, en la capital provincial) claman auxilio al alcalde de su municipio para salir libres del mismo; una extensa relación nominal (que incluye naturaleza, profesión y fecha) de los varios centenares de prisioneros de guerra catalanes inhumados en las fosas comunes del cementerio de León en el invierno y la primavera de 1939, fusilados en el campo de tiro militar de Puente Castro tras ser sacados del Campo de Concentración de San Marcos, el campo matriz de todos los demás de la provincia, o fallecidos dentro de sus muros de enfermedades y privaciones, y otra de los que, de la misma procedencia, sobrevivieron a su paso por aquel o por los al menos otros seis campos que vinieron a constituir una especie de particular "gulag" leonés infame y vergonzante; una amplia serie de más extensas y detalladas referencias sobre muchos de los unos y los otros a los que les cupo la desventura de padecer alguno de aquellos aflictivos y afrentosos recintos en los que mayoritariamente (parece que no en todos) se impuso la crueldad; y un manojo de desgarrados testimonios dejados por otros prisioneros de guerra, catalanes también la mayoría, tras haber sufrido alguno o varios de aquellos campos leoneses y las innumerables y brutales violencias de todo tipo que en casi todos se estilaron, en algún caso contrastados con los complacientes y falseados relatos que de la vida en ellos se hacía desde los medios de comunicación del régimen que los había establecido.

    Agregué además algunos apartados con noticias que vienen a sumar nuevos conocimientos sobre los campos de concentración de San Marcos y Santa Ana de León, y a inaugurar prácticamente los que también ahora comenzamos a tener sobre otros dos igualmente apenas conocidos y asentados en Astorga: el de Santa Ana (o de La Pajera), sobre el que dilucido definitivamente que se trató de un campo astorgano coincidente en el nombre con el radicado en la capital, diferente de aquel, y no del mismo y uno solo cuya ubicación pudieran confundir los escasos testimonios que lo situaban en Astorga, como hasta ahora se conjeturaba, y el que aparece en algunos documentos como Campo de Concentración de Astorga en el Cuartel de Santocildes, asentado en aquel inmenso recinto militar cuyas instalaciones compartían sus prisioneros de guerra con los reclusos de la Prisión que también lo habitaban, una situación de coexistencia de unos y otros en el mismo reducto similar a la que se daba en San Marcos de León, y que creo que tampoco ha sido hasta el presente nítidamente esclarecida y remarcada.

    Con todo ello, entendiendo que tanto las penosas odiseas que se cuentan de Jaume Cusidó y los demás que dejaron testimonio de ellas como los lugares en los que transcurrieron se inscriben en un fenómeno o hecho histórico de mayor alcance y amplitud, como fue el de los varios millares de soldados republicanos catalanes, prisioneros de guerra o "presentados" (desertores o "pasados" a las fuerzas que se llamaron nacionales en los frentes o después, repatriados desde Francia), destinados desde mediados de 1938 a los campos de concentración leoneses para acabar muchos de ellos sus días en los mismos, o para que les quedara a los más afortunados supervivientes al encierro dentro de sus muros un profundo y amargo recuerdo de lo que allí padecieron que por el resto de sus vidas los acompañaría, con tales retazos de lo que viene a ser un mismo lienzo, fui componiendo este libro, que estimo pueda ser de interés no solo para quienes en Valencia de Don Juan o en Sabadell y en Cataluña pretendan saber de los diversos y desgraciados lances vividos por algunos de sus antiguos convecinos o paisanos en tiempos tan duros y difíciles, sino también para cualquiera que desee aproximarse y mirar de cerca a lo que fue nuestro reciente pasado, en el que se dieron, en medio de episodios tan bárbaramente negros y terribles como los que aquí se han recogido, fulgurantes y solidarios destellos de humanidad y de altruismo como los que también se cuentan, y que en este caso tanto bueno dicen de los coyantinos de entonces.

    Componen así los contenidos señalados las dos partes o secciones en las que el libro se estructura. Su título, Convulsiones, remite a la referencia que a ellas y a las tragedias en que estas desembocan, y a los votos para que no se repitan, hace el ya entonces exprisionero de guerra Jaume Cusidó en el remate de sus Diarios, y lo hemos adoptado por creerlo idóneo para un trabajo como este, en el que se muestra un extenso haz de las abundantes conmociones y calamidades (personales, familiares, colectivas) que tiempos tornados en aciagos por las deplorables intervenciones contra sus propios compatriotas de algunos de quienes los habitaron, vinieron a deparar a tantos. Las fuentes utilizadas han sido las que puntual y concretamente se indican en los respectivos pasajes de la obra, además de otras, más genéricas, que se muestran en el correspondiente apartado de la misma.

    Agradezco, muy especialmente también, tanta y tan valiosa ayuda recibida de, además de los ya citados Josep y Jaume Cusidó, Fernando González y Lorena Domínguez, la antropóloga de raíces leonesas Lala Isla Ortiz por sus acertadas y útiles aportaciones y sus productivas asistencias desde Londres, el escritor y editor José Antonio Martínez Reñones, por el militante entusiasmo con el que acogió una vez más este trabajo, el historiador leonés Alejandro Valderas Alonso por su contribución en el hallazgo de testimonios de cautivos catalanes en León, Martina Cechova y sus compañeros responsables del Centro de Documentación de la Guerra Civil Española de la Fundación Caixa Vinaròs por sus noticias sobre vinarocenses prisioneros en nuestras tierras, los gestores del Memorial Democràtic de Catalunya por su interés en esta obra y su apoyo y excelente acogida, y los encargados del Archivo Municipal de Astorga y del Museu d'Història y el Arxiu Històric de Sabadell por lo mismo y por la búsqueda de algunas imágenes de época.

    Debo especial gratitud al egregio hispanista Paul Preston por el repetido y magnánimo regalo de su prólogo, que tanto representa y significa para este modesto indagador que lo tiene por maestro de historiadores y que sigue desde antiguo toda su fecunda e imprescindible producción historiográfica.

    Creo que de lo dicho queda claro cuan pequeña es mi parte en el mérito que este trabajo pueda cosechar, y lo mucho que debe a las importantes ayudas que tantos y tantas gentil y generosamente me prestaron, en primer lugar a la de los descendientes del autor de los Diarios, y no precisamente en el último al derroche de paciencia y comprensión de mi esposa Lourdes y mi hija Diana para disculparme las no pocas desatenciones familiares que su elaboración ha conllevado. Por todas ellas llégueles a todos y a todas de nuevo desde aquí mi más fervoroso agradecimiento.

Ourense, febrero de 2018.


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